19 mayo, 2014

Por: Mario Rodríguez Guerras

keith arnat.
1. Introducción
La afirmación, que nadie rebate, de que el arte constituye un lenguaje bien parece una verdad asentada ya como concepto en la sociedad de la que nadie duda pero de la que nadie parece saber nada más por lo que se presenta como innecesario todo intento de dar ulteriores explicaciones –y el atenderlas.

Nuestro empeño en resucitar esta cuestión nace de nuestra oposición a las numerosas teorías que identifican el arte del siglo XX con la subversión y llegan a la conclusión de que toda manifestación de un artista plástico debe ser corrosiva si quiere ser arte.

No ocultamos nuestro desconsuelo por el hecho de que se haya visto en una manifestación tan noble un uso tan interesado y que se haya llegado a identificar los fines con los medios y, más aún, que, se haya conseguido establecer esta forma de analizar el arte como la única forma, si no posible, si admisible por la sociedad en la que el cargo de sus defensores convierte sus deseos en leyes.

Hemos manifestado en varias ocasiones, y seguiremos haciéndolo pues es ejemplo es suficientemente convincente, que güelfos y gibelinos utilizaban el gótico con fines opuestos, de lo cual no cabe sino deducir que la intención de aquellos nada dice del gótico que se extendía por encima de sus disputas. Esta forma de utilización de un estilo demuestra también que el arte no siempre ha sido corrosivo, y la historia enseña que, al contrario, el arte se ha empleado secularmente para ensalzar el poder, solo recientemente para cuestionarlo. Aunque esta afirmación constituye más bien descripción pues, bien mirado, es el pueblo el que últimamente parece poseer el poder y el empleo del arte es una de las formas que utiliza para reclamar sus derechos.


2. La comunicación
La existencia de una información que se quiere trasmitir es el origen de la comunicación. Esa información puede tratar: 
a) de sentimientos, 
b) de sucesos y 
c) de datos o conclusiones.

Veremos que al igual que existen tipos de información existen tipos de mensajes, por cierto, que serán los mismos tipos y consecuencia de ellos.

29 septiembre, 2013

Denisse Espinoza

El curador español independiente y autor del libro La era de las ferias está en Chile invitado por la U. del Desarrollo. Aquí, habla sobre la Feria Chaco y el rol vital del curador en esta década.

Cuando en 2008, Paco Barragán analizó el auge de las ferias de arte por sobre las bienales, el escenario económico era otro. “Eran los últimos momentos de felicidad antes de que la crisis económica cambiara el escenario mundial. Entonces todo se vendía, el arte bueno, el malo y el regular, y las ferias proliferaban como nunca antes”, señala.

Por esos días, el curador español y autor del libro La era de las ferias, hablaba sobre la llamada “bienalización de las ferias” y de cómo éstas habrían derivado de ser meras plataformas comerciales a verdaderos eventos culturales, donde se encontraban los mejores artistas, curadores y críticos del mundo. Invitado por el programa Arte y Cultura Contemporánea de la Universidad del Desarrollo, Barragán está en Chile y realizará hoy, en el edificio Telefónica, un workshop sobre curatoría y mercado del arte. Además, el español aprovechó de visitar la quinta edición de Feria Chaco, que está hasta el lunes en Estación Mapocho.

21 julio, 2013

Desde que fueron exclamadas aquel domingo 09 de diciembre del 2012 han causado gran revuelo en el mundo artístico y cultural las rotundas expresiones de Fernando de Szyszlo uno de los artistas más emblemáticos del Perú. Decía él que: “Lo que se hace en este momento en materia de arte es decepcionante”… “El arte que se produce ahora, se ha perdido profundidad. Se ha vuelto todo Light. La novela, la pintura. Nada tiene peso. Eso se ha extendido a la vida humana. El amor ni el sexo tiene peso. Ahora el sexo es una gimnasia”

Fernando de Szyszlo
Desde luego han surgido muchas reacciones pero estas frases son la última parte de una larga serie de expresiones acerca de la decadencia del arte actual que se remontan por lo menos hasta la mitad del siglo XX y que denotan un síntoma percibido profundamente por los mismos artífices y el público.

Ya lo decía el gran pintor Dr. Serge Raynaud de la Ferrière en su obra “El Arte en la Nueva Era”: “Es obvio insistir sobre la decadencia del arte y la necesidad de retornar a su verdadero camino. La pérdida de la intelectualidad priva al ser humano de las relaciones con lo universal”. A su vez el compositor sinfónico Dr. David Juan Ferriz Olivares lo explicaba así: “Vemos una gran vertiente del arte contemporáneo gestionar o utilizar nuevos registros de elementos figurativos carentes de posibilidades: el abanico de propuestas estéticas al público es de tal manera minucioso que en la transición entre las dos eras – alrededor de 1948 y aun en la última década de 1960 a 1970 – ha sido cuando más se han producido nuevos códigos. El hombre que emerge frente al tal polifacetismo bombardeado por los medios masivos de comunicación que le exigen una aceptación instantánea, sin comprensión, sin despertar en él nuevas maneras de recibir, porque tampoco hay tiempo, pierde a veces la receptividad adecuada. Mientras el artista está creando y dentro de la experiencia de la ambientación busca la transformación artística, surgen a su alrededor esos factores que generan un pseudolenguaje artístico.”

Obra de arte Kitsch de Jeff Koons.
“Surge por ejemplo el llamado “arte” Kitsch (cursi), arte sin sentido, por su superficialidad, pues trabaja con los efectos de la obra de arte…El “arte” Kitsch, como competidor del artista, tiene grandes ventajas por su difusión constante y dirigida.”

“Otra forma es el llamado “arte” Kampf, lenguaje de formulaciones muy grandilocuentes y rimbombantes. Ni al Kampf ni al Kitsch les interesa llegar al fondo, no les interesa llegar al plano de revelaciones que toda obra artística suscita…una misma película para todos pero que no exige reflexión.”


Artículo de opinión.
MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ.

El Cultural.Es.- A lo largo de la historia, lo que hoy llamamos arte, más allá de su sentido estético, simbólico y creativo, ha tenido siempre una finalidad concreta en la sociedad, formaba parte de un ritual, enseñaba a los iletrados, servía para el reconocimiento del monarca. Durante la modernidad, sin embargo, el arte fue alejándose de su sentido y función originarios y se convirtió en una esfera autónoma, con sus reglas y normas. Una esfera que, paradójicamente, se configuró como un espacio de resistencia ante al utilitarismo y la racionalidad modernas. Desde ese momento, la filosofía del arte intentó dar un sentido a una práctica que parecía no servir ya para nada de lo que había servido. Se habló de finalidad sin fin, de búsqueda de la verdad, de autoconocimiento, de vía de escape ante el mundo real o, en última instancia, de elevación moral.

Esta pregunta por la finalidad del arte en una sociedad productivista vuelve a ser fundamental en el presente. La crisis económica ha sido la excusa perfecta para sacar a la luz una cuestión que seguía latente y nunca había sido resuelta del todo. En nuestro país, tanto los movimientos en política cultural (los recortes de subvenciones y programas de apoyo a las artes) como los pasos dados en política educativa (la progresiva eliminación de las enseñanzas artísticas) son signos de una nueva descreencia en el sentido del arte y ponen de manifiesto una especie de inconsciente cultural según el cual el arte, en el fondo, es tan sólo el entretenimiento de unos privilegiados.

07 julio, 2013

Historiadores, arquitectos, conservadores, arqueólogos, escultores…y sin embargohéroes. Son miembros de los Monuments men, los "Hombres de los monumentos". Gente dedicada al mundo del arte que no dudó en acudir al frente para ejercer de ángeles guardianes con el fin de proteger y encontrar las obras perdidas y dañadas durante la Segunda Guerra Mundial.


Estos héroes de guerra, cuya historia ha pasado bastante desapercibida durante años, formaron parte de la sección de Monumentos, Bellas Artes y Archivos(creada en 1943), a la que llegaron a pertenecer 345 personas. Esta idea surge de la mente del americano George Stout, uno de sus miembros originarios, que comprende de la importancia de preservar y defender el patrimonio artísticomundial del expolio nazi. Para ello reúne en el Museo Metropolitano de Arte a la comunidad museística con la ayuda de Paul Sachs, director del Museo Fogg, a los que muestra las imágenes de obras de arte siendo protegidas por sacos de arena, marcos vacíos en las galerías del Louvre y vidrieras de museos rotas. Convenciéndoles así de la necesidad de tomar medidas.

La primera de ellas es sencilla, permanecer abiertos tanto tiempo como la guerra lo permitiera, y la segunda, presionar al ejército para la creación de un cuerpo dedicado a la conservación de las obras de arte. Esta sección dentro del ejército no hubiera podido llevarse a cabo si no existiera como antecedente la Comisión Roberts, dedicada a la conservación del arte en tiempos de conflictos bélicos, que contaba con el apoyo del presidenteRoosevelt. Estamos ante la primera vez en la historia que se combate una guerraa la vez que se intenta reducir el daño cultural que esta pueda producir.

06 julio, 2013

Reflexionar sobre la violencia, desde las plataformas del arte, se ha vuelto una necesidad. Dice el artista colombiano Andrés Felipe Orjuela, quien invitado por el colectivo del Tendedero Lagunero, impartió en la región un curso sobre arte y violencia, donde asistieron artistas, promotores, periodistas y público en general.

El SIGLO DE CORREÓN.- El artista que actualmente hace su doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México, compartió la experiencia colombiana de reflexionar la violencia desde el arte, por lo que a través de los cursos, talleres y conferencias que imparte, invita a sus colegas a ir más allá de la representación de una escena violenta.

"Un artista que dibuja el rostro de un cadáver, fotografía una escena violenta, o interviene la imagen de una persona desaparecida, sólo por representar, no llega a nada, si no reflexiona sobre la violencia, las víctimas, las familias y el impacto social, no crea, en el mejor de los casos, representa".
“Hago arte para no suicidarme”, dice la artista japonesa cuya obra deslumbra en el Malba. Aquí, un recorrido por la muestra y por su vida cargada de tristeza, que ayuda a comprender su producción a lo largo de seis décadas y su papel clave en la vanguardia artística de Nueva York en los años 60.


CLARIN.- Era una lucha tras otra: conseguir comida como para pasar el día; sacar monedas de donde no las tenía para poder pagar pinturas y telas; problemas con Inmigraciones acerca de mi visa; la enfermedad… Muchos vidrios de mi estudio estaban rotos. Mi cama era una puerta vieja que alguien había dejado tirada en la calle, y tenía una sola sábana. Mi loft estaba en un edificio de oficinas en la zona comercial, entonces las estufas se apagaban a las 6 de la tarde. Nueva York está casi tan al norte como la isla Sakhalin, y en ese departamento me helaba hasta los huesos, desarrollando dolor en mi abdomen. No podía dormir, me levantaba de noche y pintaba. No tenía otra forma de enfrentar el frío y el hambre que la de empujarme a mí misma dentro de una escalada de trabajo cada vez más intensa.” Así relata Yayoi Kusama –probablemente en este momento una de las artistas más increíblemente famosas y ricas del mundo, recientemente contratada para diseñar, a sus 84 años, para la marca Louis Vuitton–, sus comienzos como pintora inmigrante japonesa en los Estados Unidos, en La red infinita , su apasionante autobiografía (accesible sólo en inglés y aún no distribuida en nuestro país). Era el final de la década del 50 y principios de los 60. El hippismo, la psicodelia, el amor libre, las drogas, el feminismo, el pacifismo, los nuevos reclamos por los derechos civiles, en fin, toda una fuerte contracultura, era el movimiento al que los jóvenes norteamericanos comenzaban a adherirse cada vez en mayores cantidades. Hay que imaginarse, entonces, a una artista de 27 años, recién llegada a Nueva York, salida de Matsumoto, un pueblo japonés tradicional, perteneciente a una familia estricta y conservadora, aterrizando –casi sin dinero– en la gran ciudad. No era una mujer cualquiera: arrastraba un historial familiar de dolor y terror, y las lógicas secuelas que nunca pudo –a pesar de su tremenda inteligencia– sanar: las de la enfermedad emocional y mental. Sepamos, también, que Yayoi venía de un Japón post Pearl Harbor, post bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, post Segunda Guerra Mundial: después de 1941 allí sufrieron muertes horrorosas y severas privaciones, entre otras gravísimas consecuencias.
 

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